jueves, 13 de octubre de 2011

REACCIONA

"En el lugar en que usted podía ojear las memorias de Chateaubriand, un volumen caro que tal vez tardó en decidirse a adquirir, ahora un ejecutivo despieza con la precisión de un cirujano un magret de pato. En la tienda de discos donde le descubrieron a Tom Waits, la banda sonora de su vida, ahora se levanta un Starbucks. Y donde vio su primer concierto, ese que nunca podrá olvidar, actualmente hay una tienda de una cadena multinacional que vende ropa barata, fabricada en condiciones laborales desconocidas en algún país asiático.
 
Cuando, ante la indiferencia popular, las viejas librerías, las tiendas de discos y las salas de conciertos se transforman en bistrós, tiendas fashion y cafeterías posmodernas, es que la cultura agoniza: se ha rendido a la voracidad de políticos depredadores, de intelectuales millonarios y de ciudadanos conformistas. Todos aquellos lugares mágicos que nos guiaban como faros en la tormenta, poniendo al alcance de nuestra curiosidad mundos ignotos, sonidos formidabes y pensamientos rebeldes, esos lugares que marcaban el pulso de la cultura de una ciudad han sido desplazados no sólo por la torpeza de las editoriales o la amenaza de las descargas ilegales, sino por la especulación inmobiliaria, la competencia desleal de las grandes superficies, la incompetencia de las administraciones y la trivialización del conocimiento.


No es de una crisis de la cultura de lo que en realidad se trata, sino más bien de su destrucción".

Michel Henry, Reacciona, (2011)